Aleyda*

El ser humano: tan poco reflexivo y tan agobiado de vulgares situaciones que abruman, aun más, su pobrísimo intelecto. El ser humano: tan lejos del pensamiento, tan lejos de la bondad,  tan lejos de Dios.

Tan diminutos, tan frágiles, tan imperfectos; todos hemos sido envueltos en una cobertura insustancial y ególatra que cada vez nos aleja más de la verdadera razón para la cual hemos nacido: “el análisis crítico”, “el aprendizaje significativo”, “la evolución constante del pensamiento” y “el crecimiento espiritual”.

La vida la pasamos de largo, supeditándola a las desiciones ajenas y buscando siempre a los culpables de los errores propios. La vida la pasamos de largo sin detenernos un momento a sentir cada inhalación de oxígeno que ingresa a nuestro cuerpo o por un momento cerrar los ojos y escuchar el latido que bombea el líquido vital que nos mantiene vivos,pasamos de largo sin percibir el sonido del viento, sin impregnarnos del conocimiento escrito en un libro; sin perdonar, observar, agradecer; sin analizar los errores propios y aprender de ellos. Día a día dejamos que la vida pase de largo hasta que, sin avisar, llega el momento en que se nos termina, si tenemos suerte: de una manera rápida y digna, y si no, ese ser humano tan frívolo y superficial termina consumido lentamente, carcomido por el deterioro que regala el tiempo, derrotado u honrado por la inequívoca muerte.

Nos preocupamos demasiado por lo que no debemos y olvidamos lo verdaderamente trascendente: amar, reflexionar, aprender, evolucionar. Sin embargo, no cabe duda que lo bueno de la vida, es que termina. Afortunadamente, no existe una eternidad que nos fomente la desidia.

Los gritos que no son oídos, acaban por perderse.
santib:

Demasiado cierto.

santib:

Demasiado cierto.

Por eso…

Te quiero a pesar de tus pulgas y de tu mal aliento y de tus remolinos al lado del cuello. Pese a tus lagañas y tu nariz mojada y el inconveniente de que se te cae el pelo. Te quiero a pesar de tus quince años menos y la mitad del día que andas con sueño. Por tu empeño en hablar español y por tus labios negros. Te quiero. :)

Mi abuela.

En mis cumpleaños, mi abuela materna solía hablarme por teléfono y tocarme las mañanitas con la armónica; cuando venía de visita me hacía avena y siempre dijo que yo tenía una voz dulce. Hoy encuentro el siguiente texto el cual reproduzco fielmente y que fue escrito por una de las personas más inteligentes que conozco que es el hermano de mi madre que si bien refleja a la perfección el carácter de mi abuela, retrata también el agonizante presente que ahora vive y que sin duda nos duele a los que somos sangre de su sangre.

Mi Madre 

Por: Carlos Mongar 

Mi madre fue la tercera de cinco hermanos. Su padre fue un severo cristero que salvo el pellejo, requerido en 1928 por el gobierno federal, y vivió permanentemente en lucha, hasta su muerte, contra las tentaciones de Satanás. La madre de mi madre fue sólo el recuerdo de una sonrisa que se convirtió en sueño.  

Mi madre no tuvo más escuela que la primaria y una vida desdichada que la llevó a buscar refugio en los libros. No conozco a nadie que haya leído más que ella. En una ocasión, cuando ya contaba yo con una bien dotada biblioteca, mi madre interrumpió mi concentración, durante la preparación de un texto. “¿Tienes alguna novela que valga la pena y yo pueda leer?”, me dijo, con ganas de entablar conversación. Yo, desesperado por no desconectarme de la vena creativa y terminar mi escrito, no dije nada. Me dirigí a un estante, tomé los dos volúmenes de “La Regenta”, de Leopoldo Alas “Clarín”, en la edición de Cátedra. “Aquí tienes para que te entretengas un buen rato”, dije al hacer entrega de tremendo mamotreto, creyendo que le hacia una travesura y esperando que se pasara meses leyendo el novelón de marras. Sin embargo,  mi madre me tenía reservada una lección: no transcurrió una semana y meditabunda se me acercó, “aquí están tus libros”; pensando que se había cansado de la kilométrica novela, pregunté: “¿Te aburrió, quieres otra?” Me miró con la mirada plácida del éxtasis y respondió: “Leer es una bendición, descubrimos la vida a través de los libros, aprendemos más de nosotros y de los demás”, y con lagrimas en los ojos de emoción, empezó a contarme el argumento de “La Regenta”. 

Desde muy pequeño mi madre despertó en mí el placer de la lectura, el amor por los libros. Aún recuerdo cuando compró en abonos “La hora del niño” y El tesoro de la juventud”, fue como si me hubieran regalado un pase permanente de la biblioteca de Fantasía. Era la época en que la T.V. aún no corrompía la imaginación de los niños. 

Mi madre también me enseñó el poder de la Mnemotecnia, y aprendí varios poemas que a veces decíamos a dúo: “Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,/ porque nunca me diste ni esperanza fallida/ ni trabajos injustos, ni pena inmerecida… (Amado Nervo); o, “Nadie fue ayer,/ ni va hoy,/ ni irá mañana/ hacia Dios/ por este mismo camino/ que yo voy./ Para cada hombre guarda/ un rayo nuevo de luz el sol…/ y un camino virgen/ Dios.” (León Felipe). 

Ahora mi madre tiene 90 años y está estacionada en un yonke para ancianos, porque la mayoría de sus hijos decidió democráticamente que ese era el mejor lugar para ella; si fuéramos esquimales, democráticamente ya se la habría comido el oso, o los zopilotes como en la película “La balada del Narayama”. Ahora he aprendido de y con mi madre que en sociedades como la nuestra, los ancianos ya no son los depositarios de la sabiduría de la familia, la tribu o la sociedad; los ancianos se han convertido en un estorbo. Ser viejo y sin dinero es ya no ser útil, y lo que no es útil en una sociedad utilitaria es pieza de desecho. 

Para hacerle buenas trampas a la locura, como pedía Rimbaud, hemos establecido que ella y yo somos los gemelos de la paradoja de Einstein: ella es la viajera de las estrellas y yo, el gemelo que se quedó en la Tierra; a su regreso se encontraba más envejecida que yo. Ahora todo es cuestión de palabras como en los libros. 

En días pasados imaginábamos otras posibilidades de la realidad en dimensiones paralelas, todo en el marco del juego de los gemelos, cuando de pronto me percaté de su mirada sombría, y pregunté: “¿Qué pasa?”. “Me la paso esperando…”, respondió. “¿Esperando?”, repuse. “Sí, me la paso esperando a Godot”. Me sorprendió, sabía que se refería a la obra de Samuel Beckett, y sabía que, ya no estábamos jugando, o empezábamos a jugar el juego frente al espejo que refleja la muerte. Queriendo ser prudente como quien sabe que camina en el abismo, señalé: “Libro difícil de leer, mamá, pero ¡quién crees tú que sea Godot?”. “Godot es Dios –respondió-, Dios que no llega. Nunca llega cuando lo necesitamos, o quizás ya se olvidó de mí”. Tal vez, el mismo Beckett se hubiera sorprendido de la interpretación de mi madre. En ese momento yo sólo alcancé a recordar un aforismo de Roger Munier: “Desde que los dioses murieron, el enigma no tiene rostro. Él es verdaderamente el enigma”. Mi madre como lectora, ahora lo sé, ha buscado el sentido de la vida en los libros y espera a Godot en el yonke del olvido. 

Por mi parte, estoy de acuerdo con Albert Camus, al Cosmos le importa tres pitos el bienestar humano. Y, coincido con el físico Steven Weinberg, en que “Cuanto más entendemos el Universo, menos sentido le encontramos”. 

Y como mi madre me enseñó el valor de la esperanza, afirmo con Henry Miller, autor de:”El coloso de Marusi”, obra que fascinó a mi madre: “Hay que darle un sentido a la vida, por el hecho mismo de que carece de sentido”. 

Mongar66@hotmail.com

Decisiones….

Se que hay un motivo para todo. Tal vez en el momento en que se produce un hecho no contamos con la penetración psicológica ni la previsión necesarias para comprender las razones, pero con tiempo y paciencia surgirán a la luz.

¿Alguna vez te has sentido totalmente conectado a una persona que apenas conoces? Momentos en el que es posible que nuestra mente diga: “yo no te conozco”. Pero el corazón sí le conoce y le reconoce. Según el hinduismo ese hecho se produce cuando aparece de nuevo a nuestra vida esa alma que ha permanecido junto a nosotros a través de los siglos, llega y nos abraza y besa de nuevo para recordarnos que permanecerá siempre junto a nosotros. Es cuando llega a nuestras vidas esa “alma gemela” pero a veces tanta vorágine social, mental o espiritual rechaza el reconocimiento y probablemente hasta lo juzga; lo aparta y no lo acepta. Y entonces se va.

¿Cómo es posible reconocer a esas personas? Tal vez simplemente lo sabes y no entiendes por qué; pero las decisiones que se tomen con respecto a ellas pueden transformar nuestra vida. Creo firmemente que el destino dicta el encuentro con los demás. Una decisión errónea o una oportunidad desaprovechada, un acierto en la elección, una oportunidad aprovechada puede transformar una vida de plenitud y felicidad.

Cuando nuestra intuición, nuestros sentimientos y nuestro espíritu saben algo más allá de cualquier duda, no debemos permitir que las razones propias o de los demás, construídas sobre rechazos y nuestros propios odios y miedos, nos influyan porque pueden alejarnos de la felicidad.

Nuestro camino es interior. Éste es el viaje más difícil y doloroso. Somos los responsables de nuestro propio aprendizaje y de nuestros propios actos, es una responsabilidad que no recae en nadie mas;  la vida simplemente te coloca en el espacio y tiempo adecuado y te da la opción de elegir no hay elecciones malas o buenas solo caminos cortos y largos, cuando dejamos ir a esa alma que reencontramos existirá algún otro momento para reencontrarla y llegará y nos abrazará y besará con esa misma fuerza para recordarnos que siempre estará ahi… por siempre y hasta la eternidad.

No hay tiempo y no hay espacio. La idea de reencarnación explica de modo muy reconfortante la realidad, permitiendo con ello que el pensamiento hindú venza aquellas dificultades que dejan paralizados a los pensadores europeos; quienes sin embargo hicieron suyos muchos preceptos hinduistas y budistas para el desarrollo de sus corrientes filosóficas.           

              

Darme cuenta en la bañera…

Mis experiencias con la muerte

Desde niña mi padre me enseñó a familiarizarme con la muerte. Las condiciones de salud en las que siempre estuvo envuelto, los múltiples accidentes y enfermedades crónico - degenerativas que atacaron su cuerpo, hicieron que también él tomara conciencia sobre su partida. Siempre habló conmigo y creo que aprendí a vivir con la idea.
La primer experiencia que tuve de cerca con la muerte fue a los 17 años, Laika, una pastor alemán que tuve desde pequeña enfermó y de manera inminente su desenlace se produjo un día en que me encontraba sola en casa. Laika estuvo a mi lado todo el tiempo, empezó a agitar su respiración y sus ojos se tornaron vidriosos. En ese momento supe que mi perra se me iba. Ante tal desesperación, no supe qué hacer y solo le hablé, la acaricié y traté de hacerle sentir que la amaba. Sus ojos brillaron con una fuerza que nunca más he vuelto a ver. Y se fue.

El dolor que experimenta uno ante la pérdida no debe permanecer como un constante sufrimiento. Mi padre me enseñó que lo bello de la vida es que termina, que en el momento en que ya nuestro cuerpo cumple su ciclo terrenal es momento de continuar en nuestra evolución. Los que nos quedamos debemos aprender a vivir el proceso, de ese también aprendemos: el duelo, la aceptación y continuar viviendo sin una presencia.

La experiencia más dolorosa con la muerte fue cuando mi padre se fue. Dentro de lo triste, tuve la fortuna de estar a su lado en todo momento, lo acompañé aun con el terror que me invadía y bajo las circunstancias en las que estábamos ahí estuve, a su lado. Sé que tuvo miedo, los cambios siempre dan miedo y soltar lo que uno ama duele en lo más profundo; yo también tuve mucho miedo. Pero había llegado el momento de actuar bajo sus enseñanzas y sacar la fortaleza interna. PAra ese momento me había preparado durante esa larga agonía.

Todo lo que empieza termina, sin embargo, los vínculos de amor, los lazos que nos unen a las personas que amamos a esos seres especiales, siempre estarán presentes. El amor no se destruye así pase el tiempo, aunque la materia ya no exista hay sentimientos imborrables e infinitos.

“Te quiero mucho hija, estoy muy orgulloso de ti” fue lo que día a día mi padre me decía, me dijo un día.. todavía me lo dijo ese último día y no lo volví a escuchar más. Debo confesar que lo echo de menos. Sin embargo doy infinitas gracias por los padres que tengo, por la mujer que hicieron de mi y soy feliz por haber pasado 24 años de mi vida a su lado. No todos tienen esa dicha.


Siempre procuro hacerles saber a quienes amo lo importantes que son en mi vida. Decirlo en todo momento, de demostrarlo, a veces decimos que las palabras se las lleva el viento… pero la vida… la vida es la que se lleva el viento. En un momento.

                       

Equilibrio

Desde hace casi 2 años la introspección y el acumulamiento de ciertos razonamientos conductuales realizados por ésta servidora, me han llevado a hacer un análisis profundo de la persona que hasta éste punto de mi vida he sido y trato así de abrir camino para un mejoramiento integral de mi presencia y mi esencia. Lograr un estado de equilibrio mental, emocional y de conducta.

La evolución ha sido paulatina, influida en algunos casos de razonamientos de otras personas que han sido parte de esta existencia y que han aportado premisas importantes para mi vida. Una especie de esponja de conocimientos que evolucionan al concluir diversos ciclos. Mi objetivo: ser una mujer coherente en pensamiento, sentimiento y acción, en perfecta armonía con el todo que me rodea, controlar impulsos, conductas arrebatadas, encontrar un equilibrio cada día para lograr un conocimiento que fortalezca mi esencia, la verdadera Aleyda que soy y seré eternamente. La energía brillante que soy y he sido desde siglos atrás.

Contrario a lo que pudiese pensarse, nunca he abandonado del todo mi estudio de correlaciones entre las doctrinas y pensamientos que poco a poco han ido integrándose a mi vida, mismos hace 6 años iniciaron de manera casual con las experiencias psiquiátricas en estado hipnótico de terapia regresiva, relatadas en los libros del Dr. Brian Weiss; cuyas tesis respecto a la evolución del ātman, sus estudios y mis experiencias sobre la encarnación de una misma energía a través del tiempo, que utiliza diferentes cuerpos como un vehículo para el logro de objetivos específicos. El posterior análisis del hinduismo y el pensamiento de Oriente que básicamente se centra en la problemática de cómo puede lograr el hombre la unión espiritual con un Ser Infinito (Alma Universal), en base al aprendizaje y a las conductas que, como raza debemos tener sobre todos los seres vivientes. El uso que le damos a la existencia para lograr una verdadera evolución espiritual. Mi objetivo, es lograr la realización de acciones justas y tratar de lograr en la medida de lo que mi humana condición considere posible, una felicidad interior que no dependa de estímulos externos para concentrarme en el pensamiento, entendimiento y la evolución de mi mente. El conocimiento solo puede penetrar en las mentes abiertas y el conocimiento nos acerca a la verdad, el conocimiento que va puliendo como un diamante en bruto esa energía que mueve nuestros inertes cuerpos y que deberá transformarse en algún momento para regresar a su origen.

Hace algunos días tuve a bien leer algunas obras del investigador JAcobo Grinberg Zylberbaum quien se adentró en el estudio de la espiritualidad ancestral de los indígenas mexicanos, en específico de figuras chamánicas tan importantes como Bárbara Guerrero “Pachita”,  los conocimientos que arroja no sólo su investigación si no también su discernimiento final en dónde hace publico un texto tan revelador, que desde mi perspectiva, se amolda a la tesis personal sobre el objetivo de la existencia.

He vivido ya once vidas terrestres y no he podido retornar a mi lugar
de origen.
Algo en el enfoque magnificente de la Divinidad estimuló un misterio
que ninguna lección o sufrimiento han podido develar y eso me mantiene prisionero en este lugar extraño y distante regido por leyes que no coinciden con mi naturaleza celestial (…)
(…)A no dudarlo, en ocasiones he sido aquí muy feliz y casi he decidido quedarme, pero tengo un llamado y no puedo dejar de oírlo.
¿Si he aprendido lo necesario y si ya es mi tiempo? Eso quizás también
yo lo decido pero se que no estoy solo y que el Padre Amorosísimo
existe. A Él me remito y que solo Él me juzgue.”

Budaicamente existe una tendencia ateísta al rechazo del Alma Universal.  La enseñanza de Buda era lograr la Iluminación para alcanzar una categoría superior, lejos del mundo terrestre en dónde no existe verdadera alegría, alejándonos tanto de placeres,  como de sufrimientos; lograr la liberación total del mundo de los sentidos. El cese completo de la vida solo se logra mediante la evolución, la meditación constante, y sobre todo el aprendizaje.Al igual que los hindúes, los budistas viven una vida sana y de devoción ya que se preparan para sus propias reencarnaciones, y su intención es no tener que saldar cuentas pendientes en ninguna de sus encarnaciones.

Al día de hoy, todavía soy parte de la vorágine social y aunque trato de no alejarme y retomar mis creencias, mi estado instintivamente humano incluido en mi ADN se subleva, y día a día intento hacer las cosas de manera correcta hacía lo que considero que alimentará y cambiará mi estado energético en forma positiva. Sigo aquí, en el camino, compartiendo con quien puedo el poco o mucho conocimiento, esperando… esperando a que sucedan cosas y a la vez que no suceda nada. Esperando a estar preparada para ese inminente día. Para mi encuentro final de introspectiva-retrospectiva durante mi examen final de ésta vida. Para prepararme como siempre lo he hecho, para llegar con todas las preguntas que se quedaron sin respuesta durante el camino. Esperar para los reencuentros con mis energías que han sido mis compañeros viajeros del tiempo. Los que me esperan, los que están, los que vendrán y por los que esperaré hasta que regresemos nuevamente a nuestro hogar, a la fuente eterna de amor que nos espera.

                          

Ojos cegados

Intento cerrar un capítulo de mi vida que inició de manera abrupta, un capítulo que no esperaba y que no necesitaba pero que llegó y cambió mi centro. Noche a noche, momento a momento repaso y sopeso los momentos, debo ir separando las enseñanzas obtenidas de cada uno de ellos, clasificándolas por colores, sabores, texturas, provocaciones, pensamientos, desvelos, sonrisas, lágrimas y en ocasiones separándolas por deseos.

No puedo más que pedir a Dios porque me de la fortaleza de seguir, que aunque me duela aceptarlo y reconocerlo debo decir que me equivoqué…me equivoqué otra vez. He vuelto a cometer errores del pasado que no debería haber olvidado, siempre será el mismo error, aunque cambie el rostro y el tiempo, eso es lo que no me puedo grabar en la mente, la circunstancia se repite una y otra vez, es tal vez por eso que a 20 días de entrar a las tercer década de mi vida, todavía hay cosas que me lastiman el corazón como si aún fuese una niña.

Acúsome padre porque he confiado.

Confiado en que las cosas podían ser distintas.

Confiado en mi.

Confiado en lo que día a día construí.

Con los ojos bien cerrados alcé mi vuelo y me dejé volar.

VUELO:

Durante las mañanas siguientes con su abrazo que servía de abrigo (el abrazo que no olvido) Yo quería hacer días y noches mágicas, eternas. Yo quería arrancarle las pilas a los relojes y tirar los calendarios por la ventana.

Y ahora cuento los días que pasaron desde entonces… cuento y poco a poco despierto… abro los ojos y bajo mi vuelo. Creo que va siendo tiempo de aterrizar.

ATERRIZAJE:

Andar siempre con los ojos bien abiertos por la vida, cuidarse de no tropezar con las mismas piedras o en su defecto con alguna nueva. Siempre con los ojos bien abiertos, querer con pinzas para evitar enfermedades de esas que no se quitan con remedios. Con los ojos bien abiertos para no equivocarme mas.

Me confieso padre… porque he confiado.